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Relato erótico: Viaje de placer

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Relato erótico: Viaje de placer

Twitter Facebook Mail 18/02/2012 escrito por megaputas Comenta esta noticia

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Me llamo Juan y tengo 34 años, soy un chico moreno de 1,68 cm de altura y 80kg de peso, en conclusión una persona normalita y lo que yo llamo un tipo bastante vulgar, de los que hay a montones, pero, eso sí muy caliente, y siempre con ganas de follar con una mujer. Lo que os voy a contar fue la única experiencia que he tenido en un local de intercambios.

Empiezo mi historia dejando claro que la experiencia que tuve en un local de intercambios ha sido única en mi vida, no porque no me gustara, si no porque no hay ninguno en la ciudad donde resido. Fue un día de Febrero, un jueves exactamente, en el que por motivos laborales tuve que desplazarme hasta Barcelona, que es donde se encuentra dicho local. Cuando acabé la reunión a la que iba y a eso de las 7 de la tarde, decidi entrar en este local, en el sitio sólo estaban el camarero y dos chicas postradas en la barra, era muy temprano, como antes os he dicho no suelo frecuentar estos sitios por lo que no tengo ni la menor idea de a que hora hay mas ambiente por lo que pensé que posiblemente aquel día, pocas parejas se dejarían caer por el lugar, pero cual fue mi sorpresa cuando vi que estaba felizmente equivocado.

Al rato, habiéndome tomado dos cubatas, llegó una mujer con una falda que parecía mas un cinturón que una falda y que resultó ser una de las camreras. Como no había nadie en el local entablé conversación con las dos personas que estaban en la barra, el chico tendría mas o menos mi edad y me preguntó si era la primera vez que venía, yo le contesté que sí y él muy amablemente me acompañó y me enseñó todo el local. El sitio no era muy grande pero estaba bien distribuido, se componía de dos plantas, dos habitaciones reservadas, unas seis duchas y una gran cama de 8×4 metros aproximadamente, donde yo soñé, aunque con ese fin fui al local, con poder follar con otras parejas en esos 8×4 metros. En la planta baja había una discoteca, reservados en los que se podía charlar sin que la música te molestara y dos grandes camas separaddas.
En la zona del bar o barra, detrás de una cortina había un pequeño reservado con dos agujeros de distintas alturas por donde se veía una cama, me explicón el camarero que si alguna pareja se ponía en la cama, yo podía mirar y poner la polla en ese agujero así la pareja de dentro me la podría tocar sin que yo, si era muy tímido, los viera a ellos.

El local se fue llenado de parejas y de chicos solos, por lo que el camarero que estaba haciendo de guía turístico tuvo que dejarme completamente sólo ante el peligro. Observé como la mayoría de la gente entraba y saía del pequeño reservado (el de los agujeros) cuando una pareja se puso en la cama, un chico mas alto que yo estaba mirando y ni corto ni perezoso se sacó el rabo y lo metió por el agujero (yo hice lo mismo). A los pocos segundos me estaban masturbando con suavidad, sin prisas, como si no quisieran que me corriera, pero el morbo me podía más y mi rabo estaba a reventar. La tuve que sacar un par de veces pues no deseaba acabar con una simple paja, miré de reojo y vi como al otro chico también se la acariciaban, la calentura me iba a matar, hasta tuve que darme un pellizco en la base base del nabo para no eyacular.

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La supuesta pareja que me staba haciendo el favorcito se retiró y no supe nada más de ella en toda la noche.
Me fui hacia la barra y pedí un refresco, cuando una pareja de unos 40 años salió de la zona reservada y se metió en otro reservado más pequeño, muy abrazados empezaron a bailar, todos los chicos se acercaron, (yo tambíen) siendo yo el primero en abrazarme a ella por un lado y por el otro, ya metidos y habiendo perdido del todo la timidez, empezar a tocarle las tetas, el culo y su chochete por debajo de la falda. Me saqué el rabo y cogí su mano hasta llevarla a mi polla, que estaba otra vez para reventar de dura, entonces ella le dijo algo a su pareja en el oído y dejaron de bailar para así poder apartar las manos que la tocaban, me dijo al oído que la siguiera y nos metimos en la zona reservada, donde sólo pueden pasar chicos si van acompañados de parejas. Ya más tranquilos, nos presentamos y nos pusieron algo de beber, la mujer se llamaba Lucía, era una mujer rubia, de carnes prietas y duras y un poquito mas bajita que yo, su marido fue a buscar la llave de uno de los reservados y Lucía y yo nos desnudamos en la pequeña pista de baile.

La acaricié todo su cuerpo dedicándole una especial atención en comerle sus lindos pechos mientras le acariciaba el clítoris. Su marido llegó con la llave, cogimos la ropa y subimos totalmente desnudos al reservado, pasamos por delante de una gran cama donde estaban follando cuatro parejas, los chillidos y gemidos me ponían todavía más caliente. Ya en el reservado, Lucía me hizo una mamada y después bajo las órdenes de su marido, la eché dos polvos según iba ordenándolo su esposo. Él se iba masturbando mientras, y yo, después de los dos polvos, estaba satisfecho completamente. Nos despedimos y fui a las duchas.

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Cuando estaba bajo el agua, apareció el camarero, se acercó a mi y me agarró el nabo, que todavía estaba hinchado, y se puso de rodillas ante mi y se la metió en la boca, yo sinceramente alucinaba, pensé que no me volvería a correr y que si le dejaba hacer, posiblemente me recomendaría a alguna pareja para formar un trío.
Le comenté que ya me había corrido dos veces en esa noche pero él siguió con la mejor mamada que me habían hecho en mi vida. Supuse que sería gay pues la estaba chupando con una pasión y una experiencia que me dejó sorprendido, me puso la polla otra vez dura y después de estrar chupando un buen rato, le di su premio y le llene la boca con mi leche, que, por supuesto, se bebió. No soy gay, me aclaró el camarero, pero creo que todos tenemos un toque bisexual y yo cuando estoy lanzado no digo no a una nueva experiencia. Esa mamada fue la guinda de la noche, al poco rato y ya exhausto me sequé y me fuí a casa. Así terminó mi día de negocios en Barcelona.

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